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La primer heladería fueguina en tener la certificación del Sello de Calidad

12 mayo 2015 | Noticias

Almendra#3

“El objetivo principal fue ser distintos y apuntar a ser siempre mejores. Ser la primer heladería en la provincia en tener la certificación del Sello de Calidad de Tierra del Fuego es el resultado del esfuerzo”, así lo expresó Rubén Orlando, propietario de heladería Almendra.

Esta empresa, que cuenta con una trayectoria de más de doce años dentro de la comunidad de Río Grande, se distingue y caracteriza por ofrecer productos de gran calidad; esa es su mayor impronta y el motivo fundamental por el cual se han consolidado como la empresa líder dentro de su rubro.

Rubén Orlando relata en detalle sus primeros pasos en este emprendimiento, “nuestra historia se remonta a cuando éramos estudiantes en la Plata, y teníamos un negocio en el cual abastecíamos de algunos productos a heladerías, confiterías y panaderías. En el año 1992 nos pusimos de acuerdo con un viejo heladero para trabajar juntos y ahí empezamos a aprender sobre la actividad. Esa fue nuestra prueba de fuego, ya que nos transmitió todos los conocimientos que necesitábamos, y a partir de allí hicimos nuestra propia experiencia”.

“Por esas cosas que tiene la vida, el destino nos hizo venir a vivir a Río Grande, y al cabo de unos años, analizando la situación del mercado, tomamos la decisión de poner en marcha la heladería, siempre con la premisa de ser distintos a lo que había y diferenciarnos”. Este exitoso empresario reconoce que emprender un negocio “es un enorme desafío; nosotros lo asumimos y empezamos a realizar pruebas. Los primeros degustadores fueron la familia y los amigos, y sus valiosos aportes nos llevaron cambiar y a modificar algunas cosas”.

“Cuando consideramos que nuestro producto era de buena calidad, tomamos la decisión de abrir nuestro primer puesto de venta, nos iniciamos con un negocio muy chico y un reducido lugar de fabricación. No teníamos cartelería ni cartel de sabores, solo contábamos con un mostrador y los freezer”.
La evolución comercial que logró esta empresa en doce años fue notable. El primer local se ubicó en la calle Libertad esquina Moyano.

Al cabo de dos años y evidenciando el crecimiento, inauguraron un segundo punto de venta que se encuentra en la calle Viedma del barrio Mutual. Posteriormente consiguieron progresar en el lugar de fabricación, mudándose a un salón de gran envergadura en la calle Houssey. En la búsqueda de nuevas oportunidades, trasladaron su primer local y en la actualidad se encuentra funcionando en Almafuerte.

Como todo emprendedor “empezamos desde cero, no obstante esto, teníamos fe en que iba a funcionar, ya que los testeos previos que realizamos nos indicaron que habían buenas perspectivas y sobre todo estábamos seguros en la calidad del producto; ese fue un disparador que reforzó nuestra confianza”.

Rubén recuerda que “a los días de inaugurar, notamos que el negocio funcionaba mucho, vimos que el producto había gustado y fue la misma gente de Río Grande la que comenzó a difundir nuestro producto, contando donde estábamos ubicados y qué vendíamos. Nosotros por nuestra parte, buscando una forma de difusión, hicimos una campaña de entrega del producto a domicilio como parte del servicio”.

Rubén considera que una de las claves para ofrecer un producto de calidad es “trabajar con amor y ganas, eso es lo que en definitiva te transforma el producto final y da el resultado que cada uno busca. Por supuesto que las cuestiones relacionadas al equipamiento y a los procesos y la selección de la materia prima influye en cualquier tipo de producto”.

Continuando con las acciones para ser los mejores dentro de su actividad y manteniendo intacta la coherencia de ideas con la que comenzaron a construir esta empresa, es que decidieron llevar a cabo todas las gestiones que fueran necesarias a fin del obtener la certificación del Sello de Calidad y dotar a su empresa de identidad regional.

En este sentido Rubén Orlando explica que “cuando me enteré de la propuesta que iba a llevar adelante el Gobierno mediante la implementación del sello de calidad, me despertó un gran interés porque era un nuevo desafío interno de tratar de hacer las cosas mejor y de forma distinta, y a su vez dotaría de valor a la empresa de una forma intrínseca”.

“Con la certificación logramos hacer una mejora interna y mediante diversos mecanismos que implementamos pudimos ayudar a la gente que trabaja con nosotros, ya que incorporaron ciertas pautas de trabajo que, al estar monitoreadas por un ente externo, permitió a que se internalicen de una forma diferente”.

“Nos convertimos en la primer heladería de Tierra del Fuego que contará con la certificación del Sello de Calidad, bajo el protocolo Gourmet; el esfuerzo tuvo resultado. Esto nos sirvió ya que entendimos que hay aspectos que debemos tener en cuenta, como por ejemplo, contar con manuales de procedimiento y de buenas prácticas y la estandarización. Nos ayudó a ordenarnos y a enfocarnos”. “Estar certificados marca una diferencia y es importante que este atributo pueda ser transmitido a los clientes, proveedores y a la comunidad, para que vean que nos preocupamos por ser mejores”.

A modo de reflexión, Rubén Orlando manifiesta cómo logró alcanzar su objetivo de tener un negocio propio, diciendo “es necesario soñar un poco, en lo que cada personas desea para su negocio y como sucede en cualquier aspecto de la vida, uno tiene que tratar de imaginarse un futuro. Ver dónde estás parado hoy y empezar a trabajar y definir acciones para llegar a ese futuro deseado”.

“Sucede a veces, que se definen caminos que nos dan el resultado que esperamos, entonces debemos apartarnos pero nunca perder de vista lo que uno desea realizar. Cuando nosotros empezamos con esto, quisimos ser un negocio en el rubro que se diferencie del resto y marcar un poco el camino en algunas cuestiones. Fuimos dando pasos y transitando en esa línea de trabajo, pero no nos quedamos solo con eso”.

“Nuestra idea es seguir avanzando y estamos pensando en hacer una fábrica más grande porque creemos que es la única forma de desarrollarnos. Crecer es soñar un poquito en grande, porque si consideramos que hoy estamos bien y nos quedamos con eso, puede llegar a ser el principio de nuestra decadencia”. “Para emprender se debe tener fundamentalmente decisión y asumir los riesgos que están involucrados, y por supuesto contar con una buena evaluación sobre el mercado y su potencialidad, con cierta garantía de continuidad, no de éxito, ya que éste recién llega con el tiempo”.